La originalidad de la labor del tejido es el valor
principal en los trabajos en crochet y su grandeza viene de la mano de la
practicidad que poseen sus aplicaciones.
La técnica que existe en su realización está a la par del
punto del tricotado y la del crochet clásico: el producto final es un trabajo
imposible de deformarse, lo que lo convierte en una puntada ideal para la
fabricación de tapetes, manteles, alfombras y cojines.
La técnica aplicada en la realización del punto
tunecino se diferencia en que las puntadas no se cierran a medida que
se van ejecutando, sino que se mantienen en la aguja. Para hacer este punto es necesaria
una aguja especial, con una dimensión parecida a la del ganchillo de tricot
pero con un tope en el extremo opuesto que lo “cierra” para que no se salgan
las puntadas. Tiene la peculiaridad de no darse vuelta y los puntos se cierran
en la pasada de ida por lo que se mientras los vamos haciendo.
Para trabajar la puntada tunecina montaremos la cantidad
necesaria para hacer nuestro tejido, al momento de ejecutarlas las dejaremos
flojas, picaremos en el punto de cadena a partir del éste, haremos una lazada y
dejamos nuestro punto en la aguja.
Repite en esta operación en todas las cadenetas y
finalmente tendrá la misma cantidad de anillos como puntos fueron realizados en
la cadena base.
Cierra todos los puntos hasta que hayas terminado la pasa, inserta la aguja
por debajo del hilo vertical que tiene en el tejido y saca la puntada que queda
en la aguja.
Repite esto hasta que hayas terminado, procediendo a cerrar los puntos que
hay en la aguja pasando la lana por todos y cada uno de los puntos usando los
puntos contiguos del tejido.


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